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Cascada Santa Ana

Un día de mediados de 2018 explorando la zona de Villa la Angostura en Google maps, buscando lugares nuevos para fotografiar, encontré muy cerca de la frontera con Chile un ícono de “mirador” de una cascada, hasta ese momento para mí desconocida. Las tres fotos que había en el enlace eran bastante antiguas y no se apreciaba bien el lugar. En ese momento supe que debía conocerla, sin embargo sabía que llegar no sería tan simple como otras cascadas de la zona. Porque el trámite aduanero de paso entre Argentina y Chile es complejo, requiere de paciencia y lleva tiempo.

Finalmente en enero de 2019 pude concretar la visita. Con toda la información, y la ansiedad de conocer esa belleza natural, salí de San Martín de los Andes – donde vivo -,  de madrugada para llegar a la aduana a las 9 am, horario de apertura. Era viernes y había muy poca gente a esa hora de la mañana, lo que agilizó mucho el trámite. Nos anotamos en un cuaderno de registro, éramos los únicos o los primeros hasta el momento. Desde la aduana hasta el límite de fronteras con Chile hay 16,4 kilómetros. Nosotros hicimos los 13 km hasta una explanada donde dejamos el auto y nos preparamos para iniciar el camino. A los pocos metros ya estábamos caminando por un bosque de Lengas y Cohíhues altísimos. Pese a que estábamos en verano, y en la zona baja de la Cordillera de los Andes, la senda estaba cubierta de árboles frondosos que mantienen  la humedad del suelo, el frío del micro clima se sentía en el cuerpo. Buen abrigo que sea desmontable y calzado cómodo, agua y comida no pueden faltar en una caminata en la Patagonia donde el clima puede cambiar en cualquier momento y lugar. 

«Apuramos el paso y tras bajar algunos metros bastante empinados la vimos. Hasta entonces no tenía idea de lo que significaba  estar frente  a un  espacio natural tan impactante. Tenía  en frente, una bóveda de roca con el techo de columnas basálticas, como si fuese un anfiteatro,  un salto de agua de más de 30 metros que sonaba tan espectacular a cómo se veía…»

Luego de una hora de caminata por la senda atravesando bosque, luego cañaverales, zonas de mucha vegetación por la humedad del río, subidas y bajadas, pequeños arroyos, hasta que llegamos al desvío. Teníamos que decidir a qué cascadas iríamos primero. 

Si tomábamos el camino hacia la izquierda encontraríamos la cascada Dora, la que llaman la hermana menor, o a la derecha cascada Santa Ana. Sin ninguna duda tomamos el camino de la derecha. Rondado la hora y media de caminata llegamos a la parte más difícil, cruzar uno de los brazos del Río Pireco. Saltamos piedras, caminamos por troncos gigantescos hasta llegar la senda del otro lado del río. 

De pronto la senda comienza a descender y a escucharse el sonido de la cascada. Apuramos el paso y tras bajar algunos metros bastante empinados la vimos. Hasta entonces no tenía idea de lo que significaba  estar frente  a un  espacio natural tan impactante. Tenía en frente, una bóveda de roca con el techo de columnas basálticas, como si fuese un anfiteatro,  un salto de agua de más de 30 metros que sonaba tan espectacular a cómo se veía. El agua era gélida, de deshielo.

«Me puse el impermeable y me acerqué a fotografiarlo. Encaré una senda que subía a la bóveda, de pronto sentía que estaba en el teatro viendo un gran espectáculo de magia de la naturaleza, y desde allí  hice otras tantas fotos. Mis ojos no podían creer el lugar que estaba viendo. 

En un lapso de cinco minutos había disparado con mi cámara para más de 300 fotografías, quería llevarme ese lugar, memorizarlo, capturar cada detalle. Al ser tan alto el salto, el agua volaba mojando gran parte la zona cercana al salto. Me puse el impermeable y me acerqué a fotografiarlo. Encaré una senda que subía a la bóveda, de pronto sentía que estaba en el teatro viendo un gran espectáculo de magia de la naturaleza, y desde allí  hice otras tantas fotos. Mis ojos no podían creer el lugar que estaba viendo. 

Luego de tres horas de estar en el lugar de la cascada y de llenar una tarjeta de 60 gb de material, había llegado la hora de ir a conocer la Cascada Dora. El lugar también es increíble, pero visitarla después de la cascada Santa Ana, el espectáculo fue menor. Tomé  unas cuantas fotos allí y decidimos emprender el regreso.. Ese viernes quedó registrado como un momento clave en mi historial como fotógrafo. La fotografía que publique al día siguiente fue una de la imágenes que contribuyó al crecimiento de mi cuenta  de Instagram, (foto siguiente). Hasta el día de hoy esa foto sigue circulando. El lugar se volvió “popular” entre fotógrafos y cuentas de viajes en IG. En febrero de este año regresé a ese mágico lugar para hacer una  imagen y un video que tenía en mente, y cuando llegué y me anoté en el cuaderno de registros era el número veinticinco en entrar a la senda ese día.

Video del trekk a la cascada

Esta nota fue publicada en MalevaMag (link).

Si queres conocer la cascada o si queres más info, dejame tu comentario ⬇️

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