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Viaje a Cuba – Parte 1​

Mi primer artículo, esto ya me emociona. Quizá algunos de ustedes lo saben porque son amigos cercanos o familia, pero la gran mayoría no sabe; algo que disfruto mucho, es de escribir. Tenía que suceder una pandemia mundial para que me decida finalmente a darle inicio a este blog. Es muy agradable la sensación que tengo de comenzar el blog, donde por lo general, van a encontrar crónicas, historias, alguna relacionadas con viajes y producciones fotográficas, pero aquí definitivamente, voy a subir esas otras fotos que son parte importante de un viaje, son el registro documental de los momentos. Es importante decir que con mi trabajo de fotógrafo me lleva a conocer distintos lugares hermosos de Argentina y del mundo, quizá saben de qué les hablo porque vieron mis fotos publicadas… Pero volvamos al tema en cuestión, el primer post en el blog…

Antes de comenzar les cuento que todas las fotografías que van a ver publicadas de este viaje a Cuba, las hice con una Canon 7D, mi antigua cámara. Ahora, vamos a entrar en la máquina del tiempo para llegar al 2015. Cuba 2015. ¿Parece lejano verdad? Ahora que les acabo de anunciar la primera historia, me viene todo la cabeza, todos los momentos, incluso algunos que no tenía ni la remota idea que estaban en el disco rígido del cerebro. Todos esos años de distancias se esfuman y ahora estoy ahí.

“Junio 2015, Aeropuerto internacional de La Habana”. 

Luego de casi dos horas de viaje desde Ciudad de México llegamos a nuestro destino. Bajamos del avión para hacer migraciones en el Aeropuerto Internacional José Martí, un lugar se veía, oía y olía a 1970. Parecía que literalmente era un viaje en el tiempo. Como argentinos todo el trámite fue normal, hasta incluso rápido. Mostramos pasaportes y seguimos a encontrarnos con nuestro chofer que nos esperaba en el parking. El auto era Fiat 1500 del 63 amarillo con las puertas pintadas de negro con el logotipo de “cubataxi”. En cuanto dejamos atrás el aeropuerto baje la ventanilla para respirar un poco de aire fresco. El calor era abrazador. No tenía ni una sola linea de señal en mi móvil y no tenía la mejor idea por dónde estábamos. Pero de un momento a otro el paisaje urbano comenzó a ser familiar. Lo había visto en fotos. De pronto estábamos cruzando los 700 metros de túnel que pasa a unos 15 metros debajo de la bahía de la ciudad. Cuando salimos y vimos que teníamos el Malecón a la derecha y toda una hilera de edificios corroídos a la izquierda sentí que finalmente habíamos llegado a La Habana.

A la hora que llegamos a la ciudad, era el mejor momento de día para pescar.
Gustavo Arias

Tres días estuvimos en La Habana recorriendo sus calles, peatonales, barrios, monumentos históricos y algún que otro bodegón de la ciudad. Pero desde el primer momento quizá lo que más cautivó mi atención fue el estado de esos espectaculares edificios descascarados. En segundo lugar los autos, los Cadillac descapotables de todos colores, las “Máquinas”. Así le llaman al transporte, algo como Uber pero «old school». Hay paradas establecidas pero el chofer arma su propio recorrido, hay que preguntar donde va y según tu destino te subís o no para hacer tu viaje por un CUC. Nos subimos a uno sabiendo que llegaríamos al barrio de Jaimanitas, conocido por que todas las casas están cubiertas de murales y esculturas hechos con pedacitos de mosaicos.

Gustavo Arias
Tres días en La Haba

Durante el tiempo que estuvimos en La Habana nos hospedamos en la casa de Clarita y Orlando a quienes conocimos por TripAdvisor. Ellos nos atendieron muy bien y mejor donde dieron de comer mejor. Por cierto, para mí la comida es algo sagrado. En nuestro último día, Clarita habló por teléfono con su sobrina de Viñales para preguntarle si tenía una habitación disponible, y por suerte si, ella nos hospedaría en nuestro siguiente destino. Para llegar allá podíamos viajar de tres maneras, la primera que descartamos al instante era en taxi, la segunda en colectivo pero ya se nos había pasado el horario y la tercera fue la que elegimos. Salir desde el Hotel Habana (un hotel mega turístico), en un colectivo “turístico” con una guían que no dejo de hablar por su micrófono a todo volumen en las casi tres horas de viaje. Así fue como dejamos atrás La Habana, a donde teníamos que volver al final del viaje para tomarnos nuestro vuelo.

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